No pasa nada hasta que pasa

FECHA

La precaución, la prudencia, la cautela son actitudes que debemos enseñar a nuestros hijos y/o alumnos. No os estoy hablando de transmitirles miedos o temores personales, os estoy hablando, simplemente, de que tengan estima por su vida, por su seguridad y sepan hasta dónde pueden llegar sin escoger riesgos que pueden evitarse. Y, por supuesto, cuando los niños son pequeños, somos modelos de buenas conductas y aprenden a través de nuestro ejemplo.

Y hoy os cuento todo esto porque ya os adelanté hace unos días en Instagram que nos gusta ir en familia al embalse y darles a los niños espacios distintos de juego y exploración, mientras la perra puede refrescarse y jugar con ellos a buscar las piedras en el agua. Las normas siempre son las mismas para los pequeños y es fácil que las recuerden, pues están reducidas a una sola norma: no podemos meternos en el agua.

Cuando llegamos al paseo leemos las normas y dicen algo así como que está prohibida la acampada, pero no la pesca, y que está prohibido el baño. Como los pequeños acampar no lo van a hacer, por el momento, y no tienen interés por la pesca, lo hemos reducido a la parte del baño y, por consiguiente, y por prudencia, no podemos, ni siquiera, mojarnos los pies.

¿Y por qué os cuento todo esto? Pues veréis; los carteles existen desde hace años y, lamentablemente, de vez en cuando sale algún caso de algún niño o joven que muere ahogado en este embalse. ¿Por qué? La respuesta es sencilla: se fiaron, se confiaron y no cumplieron las normas. Y, posiblemente, hubo un momento en el que se confiaron los adultos que iban con los niños o jóvenes y pensaron que “no pasa nada”. Y efectivamente, no pasa nada hasta que pasa; y luego vienen momentos de angustia, de llanto, de dolor, de lamentaciones…

Por eso el post de hoy va sobre la cautela, la prudencia y, recalco, no quiero que les pasemos nuestros temores a los niños; quiero que todos seamos prudentes y ejerzamos nuestra responsabilidad como adultos con ellos. Hay normas que pueden ser cuestionadas, pero las normas de seguridad no suelen tomarse de forma arbitraria. No es lo mismo usar unas tijeras de papel que un machete, o bañarse en una piscina que en un embalse en el que está prohibido el baño (quizá no sepamos que la profundidad no avisa y hay remolinos en su interior, por ejemplo).

Y, por supuesto, con niños pequeños a nuestro alrededor, no podemos perderlos de vista un momento. Son pequeños, frágiles y dependientes. No podemos dejarlos solos por su seguridad, por su integridad, por su supervivencia. Mejor prevenir y tardar un poquito más llevándolos a nuestro lado que lamentarlo.

Un abrazo y gracias por estar ahí,