Dos cuentos bonitos para el Día de la Paz

FECHA

Hoy os traigo dos cuentos bonitos para leer con tus hijos o alumnos para celebrar el Día de la Paz

Mañana es el Día de la Paz y serán muchos los colegios y las familias que quieran unirse a este día y buscar formas de educar para la Paz.

No es sencillo, eso lo sabemos todos, pero ¿qué es fácil en esta vida? Desde esta web hemos querido seleccionar dos cuentos que nos han llegado a través de personas maravillosas, grandes conocedoras de la importancia de los cuentos y de las numerosas enseñanzas que tienen, para compartir con todos dos cuentos bonitos para el Día de la Paz. ¿Preparados para disfrutar?

Buscando la Paz

Había una vez un rey que ofreció un gran premio al artista que pudiera captar en una pintura la paz perfecta. Muchos artistas lo intentaron. El rey observó y admiró todos los cuadros pero solamente hubo dos que le gustaron de verdad y, claro está, tuvo que escoger entre ellos.

El primero era un lago muy tranquilo. Este lago era un espejo perfecto donde se reflejaban unas plácidas montañas que lo rodeaban. Sobre ellas, había un cielo muy azul con tenues nubes blancas. Todos los que miraron este cuadro pensaron que, sin duda, reflejaba la paz perfecta.

El segundo también tenía montañas, pero eran muy escabrosas y sin árboles. Sobre ellas, había un cielo furioso del que caía un tremendo aguacero con rayos y truenos. Montaña abajo, parecía retumbar un espumoso torrente de agua. La verdad, todo este paisaje no parecía nada pacífico. Pero cuando el rey lo observó cuidadosamente, más de cerca, vio tras la enorme cascada un pequeño y delicado arbusto creciendo en una grieta de la roca y, en este arbusto, se encontraba un nido. Pues allí, en medio del rugir de la violenta tormenta, estaba sentado plácidamente un pajarito en su nido… 

“La paz perfecta…, la paz perfecta…”, no dejaba de susurrar el rey mientras miraba una y otra vez los dos cuadros. ¿Cuál creéis que fue la pintura ganadora? Pues el rey escogió… ¡la segunda! ¿Sabéis por qué?

«Porque», explicaba el rey, «tener paz no significa estar tranquilo en un lugar sin ruidos, sin problemas, sin trabajo duro o sin cosas que no nos gusten alrededor; claro, ¡así sería desde luego muy fácil estar en paz! Pero, ¿dónde existe ese lugar? Apuesto a que os costará encontrarlo y, si lo encontráis, no podréis permanecer allí toda la vida, porque estaríais solos para siempre y lejos de todas las personas y las cosas que amáis.” Realmente, todos estuvieron de acuerdo en que era muy difícil encontrar un lugar así y que, salvo un ratito, una tarde o un día de excursión, era imposible pensar en vivir siempre en ese lugar. 

“En realidad, estar en paz significa que, a pesar de estar en medio de los problemas y las situaciones difíciles que podemos encontrar todos los días en nuestra vida, seamos capaces de permanecer calmados dentro de nuestro corazón y hacer lo necesario para resolver esos problemas y esas situaciones difíciles pacíficamente. Creo, en verdad, que éste es el verdadero significado de la paz.» 

Y todos asintieron con la cabeza a su alrededor y se quedaron maravillados al comprobar lo sabio que era su rey.

La leyenda del arco iris

Cuentan que hace mucho tiempo los colores empezaron a pelearse. Cada uno proclamaba que él era el más importante, el más útil, el favorito.

El verde dijo: “Sin duda, yo soy el más importante. Soy el signo de la vida y la esperanza. Me han escogido para la hierba, los árboles, las hojas. Sin mí todos los animales morirían. Mirad alrededor y veréis que estoy en la mayoría de las cosas”.

El azul interrumpió: “Tú sólo piensas en la tierra, pero considera el cielo y el mar. El agua es la base de la Vida y son las nubes las que la absorben del mar azul. El cielo da espacio, y paz y serenidad. Sin mi paz no seríais más que aficionados.

El amarillo soltó una risita: “¡Vosotros sois tan serios! Yo traigo al mundo risas, alegría y calor. El sol es amarillo, la luna es amarilla, las estrellas son amarillas. Cada vez que miráis a un girasol, el mundo entero comienza a sonreír. Sin mí no habría alegría”.

A continuación tornó la palabra el naranja: “Yo soy el color de la salud y de la fuerza. Puedo ser poco frecuente pero soy precioso para las necesidades internas de la vida humana. Yo transporto las vitaminas más importantes. Pensad en las zanahorias, las calabazas, las naranjas, los mangos y papayas. No estoy todo el tiempo dando vueltas, pero cuando coloreo el cielo en el amanecer o en el crepúsculo , mi belleza es tan impresionante que nadie piensa en vosotros”.

El rojo no podía contenerse por más tiempo y saltó: “yo soy el color del valor y del peligro. Estoy dispuesto a luchar por una causa. Traigo fuego a la sangre. Sin mí la tierra estaría vacía como la luna. Soy el color de la pasión y del amor; de la rosa roja, la flor de pascua y la amapola”.

El púrpura enrojeció con toda su fuerza. Era muy alto y habló con gran pompa: “Soy el color de la realeza y del poder. Reyes, jefes de Estado, obispos, me han escogido siempre, porque el signo de la autoridad y de la sabiduría. La gente no me cuestiona; me escucha y me obedece”.

El añil habló mucho más tranquilamente que los otros, pero con igual determinación: “Pensad en mí. Soy el color del silencio. Raramente repararéis en mí, pero sin mí todos seríais superficiales. Represento el pensamiento y la reflexión, el crepúsculo y las aguas profundas. Me necesitáis para el equilibrio y el contraste, la oración y la paz interior.

Así fue cómo los colores estuvieron presumiendo, cada uno convencido de que él era el mejor. Su querella se hizo más y más ruidosa. De repente, apareció un resplandor de luz blanca y brillante. Había relámpagos que retumbaban con estrépito. La lluvia empezó a caer a cántaros, implacablemente. Los colores comenzaron a acurrucarse con miedo, acercándose unos a otros buscando protección.

La lluvia habló: “Estáis locos, colores, luchando contra vosotros mismos, intentando cada uno dominar al resto. ¿No sabéis que el dios del cielo os ha hecho a todos? Cada uno para un objetivo especial, único, diferente. Él os amó a todos. Juntad vuestras manos y venid conmigo”.

“El dios del cielo quiere extenderos a través del mundo en un gran arco de color, como recuerdo de que os quiere a todos, de que podéis vivir juntos en paz, como promesa de que está con vosotros, como señal de esperanza para el mañana”.

Y así fue como el dios del cielo usó la lluvia para lavar el mundo. Y puso el arco iris en el cielo para que, cuando lo veáis, os acordéis de que tenéis que teneros en cuenta unos a otros.

Hasta aquí los dos cuentos. Espero que os hayan gustado y los hayáis disfrutado.

Y si quieres que hablemos a nivel personal,

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Si quieres escuchar estas bonitas historias en formato podcast, te dejo en enlace aquí mismo:

Un abrazo y gracias por estar ahí,